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[Agradecimiento especial a Roger Kirkpatrick por contribuir este artículo.]

“No se debe obligar a nadie a adorar a Dios de una manera que le resulte inadmisible, ni hacerle escoger entre sus creencias o la familia.”

Esa declaración apareció en un artículo titulado “¿Está  mal cambiar de religión?” la revista Despertad! (g 7/09 pág. 29) publicado y distribuido ampliamente por los testigos de Jehová.

Casi todos los que lean esta afirmación lo consideraría ser mero sentido común. Sin embargo, a un testigo de Jehová, tal declaración sólo se aplica a aquellos que cambian su religión para convertirse en un testigo de Jehová, no a los que abandonan a los testigos por razones de conciencia.

Ese mismo artículo en la ¡Despertad! continua: “¿Y es cierto que el estudio de la Biblia destruye a las familias? Claro que no. De hecho, anima a los matrimonios que no comparten las mismas creencias religiosas a seguir unidos.” Sin embargo, los testigos de Jehová que abandonan voluntariamente la religión por motivos de conciencia a menudo se divorcian de sus cónyuges que permanecen en la religion, a instancias de estos. Mi mujer de 43 años se divorció de mí por salir de la religión en la que nos criamos los dos.

Se ha dicho de la religión de los Testigos que una vez adentro, jamás sale uno.  Un testigo puede ‘salir’, por así decirlo, por hacerse inactivo, dejando de asistir a reuniones en el Salón del Reino y no participar en la predicación. Sin embargo, si a cualquier edad se opta por “salir” al renunciar voluntariamente la religión por motivos de conciencia, uno está condenado al ostracismo y es rechazado por su familia y amigos que permanecen en la religión. Dicho tratamiento de ex-Testigos se hace por el mandato del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová, y cualquier persona que no obedece su directiva está sujeta al mismo tratamiento: la expulsión. Muchos observadores’—evidentemente, incluyendo el gobierno ruso—vean a esta práctica común por parte de los testigos de Jehová como una violación de los derechos humanos básicos.

Los testigos de Jehová creen que sólo ellos son la organización de Dios en la tierra hoy, y sus acciones a lo largo de décadas pasadas sugieren que consideran a sí mismos como una religion privilegiada, exenta de los juicios que imponen a otras religiones. Por ejemplo, el artículo “¿Fue usted también excomulgado?” en la revista Despertad! del 8 de enero de 1947 criticó la práctica de excomulgar a aquellos que violan las leyes de la Iglesia Católica, indicando que la práctica no tiene base en las Escrituras y es de origen pagano. Sin embargo, sólo cinco años después, en 1952, la Sociedad Watchtower abrazó una forma más grave de la excomunión llamada expulsión. A diferencia de la excomunión, expulsión requiere que las personas morales que dejan los testigos por razones de conciencia sean completamente rechazados, y considerados como muertos por los amigos y familiares que permanecen en la organización.

Del mismo modo, el artículo “El refugio de ellos… ¡una mentira!” En La Atalaya del 1 de junio de 1991 denuncia como apóstatas a otras religiones específicamente por ser acreditadas a las Naciones Unidas como organizaciones no gubernamentales (ONG). Sin embargo, antes que 1991 terminó, la Sociedad Watchtower hizo solicitud a la ONU para también ser miembro de esta organización.  A la vez que denunciaba públicamente a la ONU como organización del diablo—imagen de la bestia salvaje—la organización sirvió esencialmente como agentes de publicidad para la ONU y continuó desempeñando este papel durante los próximos diez años, volviendo a aplicar cada año para la acreditación, hasta que tal hipocresía fue revelado mediante una exposición en The Guardian, publicado en octubre de 2001.

A los testigos de Jehová se les enseña a creer que es su responsabilidad, dada por Dios, el exponer el error religioso y la hipocresía dondequiera que se encuentren. A menudo visitan a sus vecinos sin ser invitados, y advierten que se vayan de sus falsas religiones babilónicas para escapar la destrucción por Dios en el Armagedón. Ellos creen que al hacer esta advertencia se limpian de la sangre de otros en el día del juicio de Dios. Sin embargo, los testigos que abiertamente desafían enseñanzas y prácticas de la organización son expulsados de forma rutinaria y calificados como “apóstatas”.

En su libro, Going Clear: Scientology, Hollywood, and the Prison of Belief, Lawrence Wright escribió:

“La gente tiene el derecho de creer lo que quieran. Pero es otra cosa cuando usan la protección otorgada a una religión por la Primera Enmienda [de los E.U.A.] para falsificar la historia, propagar las falsificaciones, y encubrir los abusos de derechos humanos.”

Rusia prohibió recientemente a los testigos de Jehová como una religión extremista que amenaza a los derechos humanos y destruye familias. Creo que cualquier organización religiosa que suprime la verdad, o produce y propaga su propia verdad, es una sedta opresiva y perjudicial. Por otra parte, creo que cualquier organización religiosa que viola los derechos humanos básicos de sus miembros — como la exigencia de familias a rehuir a los miembros que salen por razones de conciencia — debe tener su exención de impuestos revocada.