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[De ws4/17 – Junio 19-25]

“Yo declararé el nombre de Jehová. […] Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia ” – Dt 32:3, 4

El estudio de La Atalaya de esta semana se desarrolla muy bien hasta que llegamos al párrafo 10. En los párrafos 1 a 9 se trata de un análisis de la justicia de Jehová Dios usando el asesinato de Nabot y su familia como ejemplo. Según las normas humanas, puede parecer injusto que Jehová perdone al malhechor, Acab, en este caso después que él se humilló excesivamente. Sin embargo, nuestra fe nos dice que Jehová nunca puede actuar injustamente. También nos consuela el hecho de que Nabot y su familia regresarán en la resurrección completamente exonerados a los ojos de todos. Si Acab también regresara, llevará la vergüenza de lo que hizo por largo tiempo.

No puede haber ninguna duda de que cualquier decisión judicial de Dios es indiscutible. Es posible que no comprendamos todos los factores que llevaron a la decisión, e incluso pueda que alguna decisión de Él parece injusta a nuestra vista humana limitada.  Sin embargo, nuestra fe en la bondad y la justicia de Dios es todo lo que realmente necesitamos para aceptar sus decisiones como correctas.

Habiendo hecho que la pueblo mundial de los Testigos de Jehová acepte esta premisa, el escritor del artículo se involucra en una técnica común conocida como “el cebo y el anzuelo”. Hemos aceptado la verdad de que Jehová es justo y que la sabiduría de sus decisiones judiciales es indiscutible, y mucha veces más allá de nuestra compresión. Este es el cebo. El anzuelo toma la forma del razonamiento que introduce el párrafo 10:

¿Cómo reaccionaremos si los ancianos toman una decisión que no entendemos o con la que tal vez no estamos de acuerdo? Por ejemplo, ¿qué haríamos en los siguientes casos? Nosotros o alguien muy querido pierde un privilegio que valora mucho en la congregación. Se expulsa a nuestro cónyuge, a uno de nuestros hijos o a un amigo cercano, y nos parece que es injusto. O creemos que no estuvo bien que se mostrara misericordia al que cometió un pecado. Estas situaciones pueden poner a prueba nuestra fe en Jehová y en cómo ha organizado a su pueblo. Veamos de qué dos maneras nos protegerá la humildad. – par. 10

Aquí se pone a las decisiones jurídicas de hombres imperfectos al mismo nivel que las de Jehová Dios.

No para burlarse, sino para resaltar cuán escandalosa es esta posición, apliquémosla como si estuviera consagrada en la Escritura. Tal vez sería así:

“¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de los ancianos locales! ¡Cuán inescrutables [son] sus juicios e ininvestigables sus caminos!” (Ro 11:33)

Ridículo, ¿no? Sin embargo, ese es el pensamiento que el artículo promueve cuando nos exhorta a que “la humildad nos hará admitir que no sabemos todos los detalles” y que tenemos que “reconocer con humildad nuestras limitaciones y a cambiar nuestra opinión sobre el asunto” y que hay que ser “sumisos y esperar con paciencia a que Jehová corrija las injusticias que se hayan podido cometer”. – par. 11

¿Porque es que a menudo no sabemos todos los hechos? Es por la razón que todos los casos judiciales se manejan en secreto. El acusado ni siquiera se le permite traer a un amigo o miembro de familia.  No se le permite observadores tampoco.  Esto es anti-bíblico.  En el antiguo Israel, los casos judiciales fueron tratados en público, en las puertas de la ciudad. En tiempos cristianos, Jesús nos dijo que los casos judiciales que llegaban al nivel de congregación debían ser manejados por toda la congregación.

No hay absolutamente ninguna base bíblica para una reunión a puertas cerradas donde el acusado está solo ante sus jueces y se le niega el apoyo de familiares y amigos.

Miento.  Si hay un caso de éste clase en la Biblia.  Era el juicio de Jesús por el alto tribunal judío del Sanedrín.

Pero se supone que las cosas son diferentes en la Congregación cristiana. Jesús dijo:

“Si no les escucha a ellos, habla a la congregación. Si no escucha ni siquiera a la congregación, sea para ti exactamente como hombre de las naciones y como recaudador de impuestos.” (Mt 18:17).

Aquí dice “la congregación”.  No dice, “sólo tres ancianos”.  Además, Jesús aquí refiere a toda clase de pecado, no a solo los de carácter personal.

La ironía de esta línea de razonamiento (que no deberíamos cuestionar las decisiones de los ancianos porque no cuestionamos a Jehová) es evidente cuando consideramos el artículo de la semana pasada.  Abre con las palabras de Abraham cuando cuestionaba la decisión de Jehová de destruir a Sodoma y Gomorra. Abraham negoció la salvación de las ciudades, llegando finalmente al acuerdo con Jehová de que si hubiera solo diez hombres justos, se salvaría a las ciudades. Como resultó, ni siquiera se pudieron encontrar diez, pero Jehová no lo reprendió a Abraham porque se atrevía cuestionarle.

Hay otros casos en la Biblia donde Dios ha mostrado una tolerancia similar, pero cuando se trata de los hombres en autoridad dentro de la organización, aplica otra regla.  A ellos no se les debe cuestionar sino debemos mantener un sumiso silencio.

Si permitieran la participación plena de la congregación en las decisiones judiciales que la afectan según los instrucciones de Jesús, no tendrían que publicar artículos como éste ni tendrían que preocuparse de que la gente se rebelara contra ellos. Por supuesto, eso significaría renunciar a gran parte de su poder y autoridad.

“Un caso de hipocresía” y “Sepamos perdonar”

Al considerar estas dos subtítulos juntas, debemos reflexionar sobre lo que hay detrás de ellas. ¿Cuál es el objeto preocupante aquí?

Los párrafos 12 al 14 hablan de la posición estimada de Pedro en la congregación del primer siglo. Él “tuvo el honor de llevar el mensaje de las buenas nuevas a Cornelio”.  Fue amigo de Jesús.  Pero en el párrafo 16 habla de la hipocresía que Pedro demostró en Gálatas 2:11-14.  Entonces, nos pregunta: “¿Perdería él sus privilegios por ese error?” (par. 16) “No hay nada en las Santas Escrituras que indique que perdió sus privilegios.” (par. 17)

Parece que la preocupación mayor es por los privilegios que uno tiene en la congregación.  Sin embargo, esta palabra “privilegio” no aparece en el texto original de las Santas Escrituras Cristianas.

El razonamiento continúa:

“Así, aquellos cristianos tuvieron la oportunidad de imitar a Cristo y a su Padre al perdonarlo. Es de esperar que nadie tropezara por el error de un hombre imperfecto.” – pár. 17

Ojalá que nadie tropezara, porque el castigo por hacerle tropezar al pequeño es “un piedra de molino alrededor del cuello y un tiro al mar”. (Mt 18: 6)

El punto que se está haciendo aquí es que cuando los ancianos, o incluso el Cuerpo Gobernante, cometen errores que nos causan daño, tenemos “la oportunidad de imitar a Cristo al perdonarlos”.

Bien, imitamos a Jesús quien dijo:

“Presten atención a ustedes mismos. Si tu hermano comete un pecado, dale una reprensión; y si se arrepiente, perdónalo.” (Lu 17:3)

Si vamos a obedecer al Señor Jesús cuando un anciano, o superintendente de circuito, o miembro del Cuerpo Gobernante erra o nos hace algún mal, tenemos que primero darle una reprensión.  Luego, si arrepiente, entonces debemos perdonarlo. Pero si no se arrepienta entonces no debemos perdonar.

Es mandato de Cristo.

Esto es muy lejos del consejo que se nos da en este artículo.

El párrafo 18 concluye con estas palabras:

“¿Nos alegraremos si un hermano que ha pecado contra nosotros sigue siendo anciano o incluso recibe más privilegios?” – par. 18

Y volvemos a los importantes “privilegios” una vez más.

Uno no puede dejar de preguntarse qué hay detrás de estos dos últimos subtítulos. ¿Se trata sólo de los ancianos locales? ¿Hemos visto un caso de hipocresía en los niveles más altos de la Organización en los últimos años? Con el Internet, los pecados pasados ​​no desaparecen. La hipocresía de Pedro se limitó a un incidente en una sola congregación, pero la hipocresía del Cuerpo Gobernante es mucho mayor al autorizar a la Watchtower Bible & Tract Society de Nueva York a unirse a las Naciones Unidas como un miembro de tipo “Organización No Gubernamental” (ONG) de 1992 a 2001. ¿Hubo arrepentimiento cuando se expuso esta hipocresía en un periódico de Inglaterra? Algunos dirían que podría haber sido porque no podemos saber lo que pasó a puerta cerrada. Sin embargo, en este caso podemos estar seguros que no hubo arrepentimiento. ¿Cómo? Examinando la evidencia escrita.

La Organización trató de excusar sus acciones y decir que las reglas para la membresía les permitían hacerlo en 1991, cuando presentaron su solicitud firmada por primera vez. Sin embargo, en algún momento después, las cualificaciones para la membresía fueron cambiados, haciéndolo inaceptable para ellos continuar como miembros.  Así que, al enterarse del cambio de reglas, se retiraron.

Nada de eso es verdad, como lo demuestra la evidencia de la ONU.  Las reglas no se han cambiado desde que fueron puestos en los años sesenta.  Sea como sea, esto es irrelevante. Lo que es relevante es la posición de Cuerpo Gobernante de que no cometieron ningún error. Uno no se arrepiente de las malas acciones si no se ha cometido ninguna maldad. Hasta el día de hoy, nunca han reconocido ninguna mala acción, así que en su mente no puede haber base para el arrepentimiento, porque no hicieron nada malo.

Por lo tanto, aplicando Lucas 17:3 ¿tenemos una base bíblica para perdonarlos?

Su principal preocupación parece ser la potencial para la pérdida de privilegios. (pár. 16) No son los primeros líderes religiosos que se preocuparon por eso. (Juan 11:48) Esta preocupación de la posible pérdida de privilegios parece sobrepasar a toda otra preocupación.  La biblia dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12, 34).